Investigar y publicar: el Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino y su contexto de creación

ANDREA TORRES VERGARA

En marzo de 1985, a solo unos días del terremoto que afectó gravemente la zona central del país, el Museo Chileno de Arte Precolombino (mchap) obtenía autorización por parte del Ministerio del Interior para “editar, publicar y distribuir” el Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino (fig. 1). Su concepción, la redacción de sus artículos y su maquetación, sin embargo, habían comenzado un par de años antes y el lanzamiento del primer número fue recién a fines de 1986.

Esta dilación obedeció no tanto a las prioridades impuestas por la contingencia, como a una cierta resistencia institucional a apostar tempranamente por un canal periódico de expresión científica. Así, con el objetivo de “consolidar un área de investigación en el Museo” (Berenguer & Torres 2011: 94), el arqueólogo y en ese momento curador del mchap, José Berenguer, junto con el etnohistoriador José Luis Martínez encabezaron los esfuerzos para darle fondo y forma a la publicación.

No parece necesario volver a relatar las vicisitudes iniciales, ya que bastante se ha escrito acerca del devenir del Boletín, tanto con respecto a sus orígenes (Berenguer & Torres 2011: 94-97; Berenguer 2016; Berenguer 2021) como a su “etapa moderna” (Berenguer 2021: 8ss.; véase también Berenguer & Torres 2011: 282-285). En cambio, poco se ha mencionado sobre su contexto de creación (y, en general, escasa es la escritura sobre lo que los museos publican).

Figura 1. Resolución que aprueba la solicitud para publicar el Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino, marzo de 1985. Archivo mchap.

Pero ¿qué sucedía en el ámbito museal hace 40 años? Los demás museos, ¿publicaban? Y si lo hacían, ¿qué difundían? ¿Estaban también interesados en apuntalar sus investigaciones? ¿Estas existían, o el Boletín era un afán aislado?

Al momento de su lanzamiento el Boletín del mchap era –y lo es hasta hoy– la única publicación sobre “arte precolombino y temas afines” (Berenguer 1986), no solo en Chile, sino que en Latinoamérica. Algunos años antes, Daniel Frassinetti (1978: 56) identificaba seis publicaciones que dependían directamente de tres museos: Boletín del Museo Nacional de Historia Natural, Noticiario Mensual, Publicación Ocasional y Serie Educativa, todas del Museo Nacional de Historia Natural, además de los Anales del Museo de Historia Natural de Valparaíso y el Boletín del Museo Arqueológico de La Serena. Señalaba también que era “[…] notoria la falta de una publicación sobre temas relacionados con el Arte” (1978: 57).

Llenando en parte ese vacío, el Boletín del mchap viene a emparentarse con estas y otras publicaciones que surgieron en el mismo período. Se trataba de revistas impresas que recogían la identidad institucional y que editaban artículos, informes y ensayos de carácter científico que eran el resultado de investigaciones tanto relativas a las colecciones de los museos como al trabajo de campo que desarrollaba su personal en ese momento.

Las seis publicaciones identificadas a fines de los años setenta eran editadas por museos dependientes de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (dibam, cuyo sucesor, a partir de 2018, es el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural). Avanzando hacia la década de los ochenta, esta institución –con apoyos técnicos y financieros del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco)– realizó un estudio para conocer la situación de los museos chilenos “en lo que respecta a sus funciones esenciales: adquisición, conservación, documentación, investigación, exhibición, educación y extensión cultural” (Aránguiz & Betancur 1984: 16). El diagnóstico registró 127 museos en el país y sus resultados permitieron reunir voluntades en torno a la importancia de diseñar políticas para el desarrollo de estos espacios.

En cuanto a la función investigativa, 36 museos –alrededor de un cuarto del universo catastrado– declararon haber iniciado o terminado trabajos de investigación en los años 1979 y 1980, período en que se aplicó el cuestionario. De las investigaciones finalizadas, se publicaron 96 trabajos correspondientes a 20 museos y, de ellos, 56 pertenecían solo a uno, el Museo Nacional de Historia Natural (Aránguiz & Betancur 1984: 183), que en esta época contaba con las cuatro publicaciones antes mencionadas. Tras refundirse o descontinuarse, de ellas hoy permanece y está indizado su Boletín, cuyo primer número se remonta a 1910 y que fue el modelo de revistas posteriores en la dibam.

Aunque aparece en la guía de museos anexa al comentado estudio, el Museo Chileno de Arte Precolombino no se considera en el catastro, ya que fue inaugurado recién en diciembre de 1981. De todos modos, muy tempranamente parece alinearse con la caracterización de la investigación en museos que era parte de la encuesta y que dividía dicha función en dos categorías: investigación acerca de las colecciones o en trabajo de campo. En una de sus primeras publicaciones, que presenta al mchap y sus colecciones, se indica: “El Museo cuenta con un equipo de investigadores que se encuentran abocados a estudios de simbología e interpretación de iconografía en Arte Precolombino, además de actividades arqueológicas” (Museo Chileno de Arte Precolombino 1983: 11).

Inicialmente el Boletín del mchap aspiraba a publicar artículos de investigadores de la institución, dejando a discreción del editor la invitación a especialistas externos (Berenguer 1986). Esta tendencia, que fue cambiando con el tiempo hasta llegar a la actualidad en que prácticamente todos los textos son de autores externos a la institución (así lo exigen los sistemas de indización), era compartida con las otras publicaciones del período. También lo eran prácticas que hoy pueden parecer incomprensibles, como el carácter de publicación ocasional de muchas o el sistema de canje con instituciones nacionales y extranjeras, asociado a la costumbre de imprimir, igualmente hoy en desuso. En efecto, una de las dificultades para sostener la periodicidad era la impresión, principalmente por los costos asociados y los tiempos implicados, asuntos que ahora se resuelven con la divulgación en línea y el sistema de publicación continua.

Así, en la década de los ochenta, y como expresión de las investigaciones asociadas a las respectivas instituciones, aparecieron la Contribución Arqueológica del Museo Regional de Atacama (cuatro números entre 1980 y 1992); el Boletín del Museo Regional de la Araucanía (cinco números entre 1984 y 1993); el Boletín del Museo Mapuche de Cañete (seis números entre 1985 y 1991); las Comunicaciones del Museo Regional de Concepción (ocho números entre 1987 y 1994) y el Boletín Ocasional del Museo Regional de Antofagasta (dos números entre 1988 y 1996).

Desde el Departamento de Museos de la dibam (hoy Subdirección Nacional de Museos), en Santiago, se colaboraba con las iniciativas regionales principalmente en aspectos editoriales, de diseño y, a veces, financiamiento. El antropólogo Daniel Quiroz, integrante del Departamento desde sus inicios en 1982, era quien sostenía el diálogo editorial con los directores de museos de la época, como el antropólogo Héctor Zumaeta o el arqueólogo Marco Sánchez. Además, en forma paralela y por iniciativa del propio Quiroz, en 1988 comenzó a publicarse la revista Museos, como un medio para difundir “[…] actividades y trabajos que se desarrollan en el interior de los museos […], una instancia de diálogo museológico entre todos los que trabajamos, de una u otra manera, en los museos y para los museos” (Quiroz 1988: 3).

Este enfoque vincula a la revista –en su primera época, entre 1988 y 2001– con los demás boletines de museos, por cuanto entre sus páginas se publicaron investigaciones que han resultado relevantes y que han transformado las primeras ediciones en valiosos antecedentes sobre fenómenos sociales y culturales en sus disciplinas y territorios.

En la esfera de la difusión de artículos relativos al trabajo museológico y de noticias de los museos del país, existieron el Boletín de Museos Chilenos - muchi (icom/alam, 1977-1987) y el ya mencionado Noticiario Mensual del Museo Nacional de Historia Natural (1956-2008). También se editaron algunos números del Boletín del Museo Histórico Nacional (1978-1981) y del Boletín del Museo Gabriela Mistral de Vicuña, aunque en ambos casos se trató más bien de gacetas con noticias de las respectivas instituciones. En esta línea, el mchap publicó el periódico trimestral El Precolombino (1996-1998) y dos números de la revista Mundo Precolombino (1994 y 1995), con un enfoque más literario.

Estas publicaciones coexistían con las primeras ediciones del Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología (a partir de 1984) y con revistas editadas inicialmente por universidades y museos en conjunto, como Chungara (Universidad de Tarapacá y Museo Arqueológico San Miguel de Azapa) y Estudios Atacameños (Universidad del Norte y Museo de San Pedro de Atacama) que comenzaron a publicar de manera ocasional en 1973, para consolidarse en las siguientes décadas y continuar vigentes hasta nuestros días, en que imperan las bases de datos documentales, los indicadores bibliométricos y los incentivos académicos asociados.

Pero previo al sistema doble ciego, la revisión por pares y los software de administración, ¿qué llevó a la proliferación de revistas de carácter científico en los distintos espacios museales? Se ha visto que a comienzos de los ochenta existían, primero, investigaciones disponibles en torno a los museos y, luego, la necesidad de publicarlas. En ese momento se puede identificar una conjunción de voluntades: un editor con un deseo personal de publicar, llevado por la idea de la importancia de difundir el trabajo propio y de los pares; una complicidad, dos o más voluntades que se suman, y una voluntad institucional que permitiese asegurar la permanencia de estas iniciativas.

Con el correr del tiempo, las dificultades fueron también similares: financiamiento inestable, falta de artículos, dudas institucionales. Aunque los factores que permitieron la supervivencia en el caso del Boletín del mchap y otras revistas puede ser materia de otro escrito, se puede aventurar que recae en parte importante en las mismas voluntades que forjaron sus inicios, en orden inverso: de la institución, de un cómplice (o de alianzas, en términos actuales) y de los editores que encabezaron estos proyectos. Vaya para ellos y su afán publicador un reconocimiento.

Agradecimientos Agradezco los comentarios realizados por Alan Trampe y Mauricio Lorca a versiones previas de este escrito. También las respuestas a mis muchas preguntas –de manera presencial y vía correo electrónico– de Consuelo Valdés, Mauricio Massone y Daniel Quiroz. Por supuesto, la interpretación de todo ello es de mi sola responsabilidad.

Andrea Torres Vergara*

* Coeditora Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino entre 2006 y 2016, actual editora revista Museos, Subdirección Nacional de Museos, Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, Santiago, Chile.
E-mail: andrea.torres@museoschile.gob.cl

 

REFERENCIAS

Aránguiz, S. & J. Betancur 1984. Los museos de Chile (diagnóstico). Santiago: Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.

Berenguer, J. 1986. Nota preliminar. Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino 1: 9.

Berenguer, J. 2016. Presentación. Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino 21 (2): 5-7.

Berenguer, J. 2021. Editorial. 35 años del Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino. Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino 26 (2): 7-11.

Berenguer J. & A. Torres 2011 (Eds.). Compartiendo memoria: 30 años del Museo Chileno de Arte Precolombino. Santiago: Museo Chileno de Arte Precolombino-Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Frassinetti, D. 1978. Publicaciones. Actas de las Primeras Jornadas Museológicas Chilenas, 12-16 diciembre, 1977. Boletín de Museos Chilenos - muchi 7: 55-57.

Museo Chileno de Arte Precolombino. 1983. Museo Chileno de Arte Precolombino. Santiago: Museo Chileno de Arte Precolombino-Banco O'Higgins.

Quiroz, D. 1988. Editorial. Museos 1: 3.